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La Nueva Guerra Fría. Conceptualización

Revista Nuestro Tiempo, Vol. 21, julio – diciembre 2021, páginas
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Armando Briñis Zambrano
Doctor en Ciencias Históricas, grado científico concedido por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la República de Cuba a petición de la Universidad de La Habana. Director de Investigaciones de la Universidad Luterana Salvadoreñaarmando.brinis@uls.edu.sv
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Resumen

En la contemporaneidad, la posmodernidad o el mundo posmoderno se debate si estamos ya en un período de una Nueva Guerra Fría y cuáles son las características de esta nueva confrontación, de oponentes o nuevos adversarios hablamos, además de los cambios que originan o pueden impulsar en la nueva geopolítica a nivel planetario.

Al respecto el presente artículo analiza, utilizando ejemplos, los antecedentes fundamentales de la Guerra Fría o confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, después de la 2ª Guerra Mundial y en el pasado siglo XX, y realiza una comparación con la llamada Nueva Guerra Fría, también por medio de aquellos ejemplos que se consideran los más ilustrativos.

Por otro lado, el autor valora la posibilidad de una nueva definición del concepto Nueva Guerra Fría, teniendo en cuenta que la primera enunciación acuñada por el geopolitólogo estadounidense Joseph Stroupe (Stroupe W.J. 2004), para referirse a la guerra de estrategias por el control de los recursos energéticos del planeta que libran las grandes potencias mundiales, ha quedado desfasada y superada por los nuevos acontecimientos.

Palabras Clave: Guerra Fría, Nueva Guerra Fría, Geopolítica.

The New Cold War. Conceptualization

In contemporary actuality, postmodernity or the postmodern world, it is debated whether we are already in a period of a New Cold War and what are the characteristics of this new confrontation, which opponents or new adversaries we are talking about, in addition to the changes that originate or they can drive the new geopolitics on a planetary level.

In this regard, this article analyzes, using examples, the fundamental antecedents of the Cold War or confrontation between the United States and the Soviet Union, after the 2nd World War and in the last 20th century and makes a comparison with the so-called New Cold War, also through the examples that are considered the most illustrative.

On the other hand, the author assesses the possibility of a new definition of the New Cold War concept, taking into account that the first enunciation coined by the American geopolitologist Joseph Stroupe ((Stroupe WJ 2004) to refer to the war of strategies for the control of the energy resources of the planet that the great world powers fight, has been outdated and overtaken by new events.

Keywords: Cold War, New Cold War, geopolitics.

I. La “Guerra Fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Antecedentes históricos

Se denomina como “Guerra Fría” al duelo político e ideológico (en gran medida), entre los dos bloques de poderes suscitados finalizada la 2ª Guerra Mundial y liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética o Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Guerra Fría inició, para unos en el año 1945, luego del bombardeo atómico estadounidenses contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, y concluyó con el fin de la Unión Soviética en diciembre de 1991, tras la crisis económica de sus estructuras dominadas por la burocracia partidista y la nueva espiral de la carrera de armamentos, que devino en la gran adquisición de nuevo armamento soviético para contrarrestar a los Estados Unidos, la cual hizo colapsar la economía soviética y la anterior caída del Muro de Berlín en el año 1989 marcando la desaparición del llamado “Socialismo Real” y poniendo fin al duelo ideológico entre el liberalismo occidental y el estalinismo soviético o “comunismo”.

Luego del fin de la 2ª Guerra Mundial y el desacuerdo en el reparto de Alemania entre las potencias vencedoras, que provocó la escisión del mundo en dos bloques: uno “comunista” liderado por la URSS, y otro capitalista dominado por Estados Unidos. Ambos bloques mantuvieron una tensa relación que amenazaba con el desencadenamiento de un tercer gran conflicto. Sin embargo, entre los dos países no se originó ninguna guerra o enfrentamiento directo, una de las causas de mayor peso fue el temor a desencadenar una conflagración nuclear de exterminio mutuo; por ello se denomina a este conflicto como Guerra Fría (al borde de la Guerra Termonuclear, pero sin llegar a ella).

Causas de la Guerra Fría

Entre las principales causas que generaron la Guerra Fría estuvo la rivalidad de ideologías y políticas que defendían y deseaban imponer los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética.

Estados Unidos defendía la democracia liberal burguesa y el capitalismo, así como, los principios de la propiedad privada y la libre iniciativa. De allí que en 1947 se creó el plan económico denominado Plan Marshall, que contemplaba el reparto de 12.871 millones de dólares (mucho dinero en aquellos tiempos), entre los países europeos devastados por la guerra, especialmente Alemania. Sus efectos a mediano plazo se tradujeron en un notable incremento de la industria y la producción agrícola. Asimismo, este Plan ofreció otra serie de ayudas para reconstruir las bases políticas y económicas de los países europeos afectados por la Segunda Guerra Mundial, a fin de detener el avance de los partidos comunistas en la Europa occidental. Por otro lado, Estados Unidos apoyó la imposición de dictaduras en la mayoría de los países de Latinoamérica y otras regiones del mundo.

Por su parte, la Unión Soviética se basaba en el sistema socialista estalinista estatista: la igualdad económica, la eliminación de la propiedad privada y en la capacidad del Estado para cubrir y garantizar todas las necesidades de la ciudadanía. Este sistema de gobierno fue impuesto en los países que conformaban la Europa oriental que fueron liberados de la ocupación nazi por el Ejército Rojo. En contraposición al Plan Marshall, la Unión Soviética creó el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECOM por sus siglas en inglés o CAME por sus siglas en español), el cual consistió en el fomento de la cooperación económica por parte de los Estados miembros a fin de contrarrestar el sistema capitalista.

No obstante, existieron otras causas que también generaron la Guerra Fría, como el monopolio estadounidense de las armas atómicas, lo cual alertó a la Unión Soviética que temía (con sobradas razones) que estas armas fuesen utilizadas para un ataque masivo en su contra y sin respuesta apropiada. La constante incertidumbre de que Estados Unidos iniciara un enfrentamiento armando contra la Unión Soviética y viceversa, propiciaron la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) liderada por los Estados Unidos y del Tratado del Pacto de Varsovia liderado por la Unión Soviética.

La OTAN fue creada en 1949 por los países que conformaban la Europa occidental y sus aliados, entre estos Estados Unidos y Canadá. Este organismo militar se formó como un supuesto sistema de defensa colectiva en el cual se acordó que ante cualquier ataque a uno de los países miembros por parte de una potencia extranjera, este sería defendido en conjunto. En realidad, también funcionó como un bloque militar que impulsado por los Estados Unidos rodeo de bases militares ofensivas el territorio de la URSS y sus aliados.

Por su parte, la Europa oriental, dominada por la Unión Soviética, reaccionó con la creación del Pacto de Varsovia en 1955, un acuerdo militar que reforzaba la homogeneidad política que existía entre esos países y contrarrestaba las amenazas ejercidas por la OTAN y que sirvió también para las intervenciones militares en contra de movimientos catalogados como prooccidentales, como fueron los casos de Hungría en 1954 y en Checoslovaquia en 1968.

Otra causa de la Guerra Fría fue la constante creación de nuevos armamentos. Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron y crearon, desde el conflicto militar contra la Alemania Nazi, un importante número de armas y quipos de guerra, que finalmente se convirtieron en el equipamiento militar a fin de vencer el uno sobre el otro e, incluso, de afectar al resto del planeta en caso de una guerra nuclear. Asimismo, iniciaron una importante carrera espacial, cuando en ambos bloques se llevaron a cabo importantes desarrollos tecnológicos espaciales que cambiaron la historia de la humanidad con el primer hombre en el espacio (la URSS en 1961) y la llegada del hombre a la Luna (EE.UU. en 1969).

El peligro de una confrontación directa y el consiguiente exterminio mutuo asegurado llevó a las conversaciones soviético-estadounidenses sobre la limitación de armas estratégicas que comenzaron en noviembre de 1969 en Helsinki. El acuerdo provisional firmado en Moscú en mayo de 1972 congeló los niveles existentes de despliegue de misiles balísticos intercontinentales y reguló el crecimiento de los misiles balísticos lanzables desde submarinos. Como parte del proceso de conversaciones sobre la limitación de armas estratégicas, el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos fue firmado.

Los acuerdos de las conversaciones sobre la limitación de armas estratégicas fueron considerados generalmente en Occidente como codificadores del concepto de destrucción mutua asegurada o disuasión. Los EE.UU. y la Unión Soviética reconocieron su vulnerabilidad mutua a la destrucción masiva, sin importar qué Estado lanzaba las armas nucleares primero. Un segundo acuerdo de las conversaciones sobre la limitación de armas estratégicas fue firmado en junio de 1979 en Viena. Entre otras precauciones, pusieron un techo en conjunto de lanzamisiles ICBM[1] y SLBM[2]. Este acuerdo nunca fue ratificado por el Senado de los Estados Unidos, en gran parte por la interrupción del détente a finales de 1970 y principios de 1980 con la administración Reagan en el poder.

Consecuencias de la Guerra Fría en otras regiones del planeta

Durante la Guerra Fría se desataron otros conflictos de gran importancia en la historia contemporánea. Entre estos la construcción del Muro de Berlín, la Guerra de Corea, la Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam y la Guerra de Afganistán, como las más importantes.

Uno de los momentos culminantes de la Guerra Fría fue la Guerra de Corea, entre 1950 y 1953 cuando el ejército norcoreano, apoyado por la URSS y China[3] invade Corea del Sur, que contaba con el apoyo militar de Estados Unidos, desembarcó tropas e incluso estuvo a punto de provocar un conflicto mundial cuando el general estadounidense Mc Arthur propuso al entonces presidente Harry Truman un bombardeo nuclear contra China. En el año 1953, se firmó el armisticio que se mantiene en la frontera entre los dos Estados coreanos. Un armisticio que presupone una tregua en el enfrentamiento armado, no la paz entre ambos Estados, situación que se mantiene hasta nuestros días.

Sin embargo, la mayor crisis de la posguerra se produjo en el año 1962 con motivo de la instalación de silos de misiles soviéticos de corto y mediano alcance en la isla de Cuba. País que en 1959 había inaugurado su revolución de corte socialista y era objeto de ataques constantes por parte de los gobiernos estadounidenses, en este caso de Kennedy, que había sufrido la derrota de una brigada mercenaria de cubanos, entrenados y apoyados con armamento y aviones estadounidenses en Bahía de Cochinos. Ante la amenaza que estos misiles suponían para Estados Unidos, este país decretó el bloque naval contra la isla caribeña y poco falto para el desencadenamiento de un conflicto entre las dos potencias nucleares. La crisis se solucionó con la retirada de los barcos soviéticos que el gobierno de Nikita Kruschef había enviado al escenario de los acontecimientos y el desmantelamiento de los cohetes y de sus correspondientes rampas de lanzamiento en Cuba, mientras los Estados Unidos hacía lo mismo con sus cohetes en Turquía y a pesar de la protesta del gobierno cubano de Fidel Castro que solo obtuvo la promesa de los Estados Unidos de no agredir militarmente a la Isla y que trajo consigo el enfriamiento de las relaciones entre Cuba y la URSS por casi una década.

En relación a todo lo anterior, el diálogo hacia la llamada “coexistencia pacífica” de los años 70 del pasado siglo entre Estados Unidos y la URSS propició la creación del “teléfono rojo” que comunicaba directamente la Casa Blanca con el Kremlin, y por donde se debatían temas transcendentales que afectaban la paz entre ambos países.

En los años 80 el entonces presidente norteamericano Ronald Reagan definió a la Unión Soviética como el imperio del mal y dijo que sería confinada a la pila de las cenizas de la historia. El gobierno estadounidense anunció una importante acumulación de nuevas armas, especialmente misiles de corto y mediano alcance en Europa, en un momento en el que la Unión Soviética se encontraba demasiado débil económicamente.

Mientras en 1985, Mijaíl Gorbachov se convirtió en el líder de la Unión Soviética, adoptando una actitud conciliadora con los estadounidenses y firmando muchos pactos de reducción de armas. En 1989 se produjo la retirada soviética de Afganistán y un año más tarde se firmó la reunificación de Alemania luego de la caída del muro de Berlín, con el mismo Gorbachov como figura importante, que antes había dejado solos a sus aliados comunistas en Europa Oriental. Finalmente, y luego de un fracasado intento de golpe de Estado a Gorbachov, por parte de un ala ortodoxa dentro del Partido Comunista de la URSS, se produjo el colapso de la Unión Soviética en el año 1991 propiciando el fin de la Guerra Fría.

II. La breve Pax americana

Aunque es una opinión todavía minoritaria, considera que luego de la anunciada victoria estadounidense con la caída de la Unión Soviética se inicia también el declive hegemónico estadounidense, acelerado con los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. Los atentados terroristas del 11-S cambiaron por completo las prioridades del recién iniciado gobierno de George W. Bush (2001-2009) y la supuesta guerra contra el terrorismo se convirtió en el tema central de su política interna y externa. Ello quedó plasmado en la Nacional Security Strategy de 2002 (NSS.2002) también conocida como Doctrina Bush, cuyos planteamientos repercutieron no solo en la creación del poderoso Departamento de Seguridad Nacional, sino también en la definición de una política exterior caracterizada por la búsqueda del reposicionamiento de su país por medio de un fuerte unilateralismo, un mínimo de cooperación y el dominio en los principales asuntos internacionales bajo el uso de la fuerza militar y las intervenciones. Bush y sus “halcones” (generales estadounidenses) proyectaron a Estados Unidos como el único actor capaz de defender el mercado, conservar la libertad y combatir al “eje del mal”, referido a supuestamente terroristas, casi siempre árabes o musulmanes o ambos, y que se convirtió en el eslogan que abarcó a todos los que se opusieran a la hegemonía estadounidense.

Esta dura política neoconservadora, para inicios del siglo XXI, fue insostenible para el entonces país hegemónico pues abultó los costos económicos, políticos y sociales al punto de disipar todo su liderazgo. El punto de quiebre fue la crisis financiera de 2008 y 2009 que abarcó a todo el sistema capitalista mundial, pero que afectó especialmente a los Estados Unidos. Ciertamente, el gobierno de Barack Obama estabilizó la economía nacional y logró mostrar una faceta distinta de su país al mundo. Sin embargo, el estancamiento de la hegemonía estadounidense no se trata de un simple discurso político, sino de un fenómeno que acumula evidencia día con día y donde el triunfo de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses del 2016 marcó un hito importante.

Consciente de estas realidades, durante su candidatura y en sus primeros días como presidente, Donald Trump se orientó a dejar de cargar con los costos que implica seguir ejerciendo la hegemonía mundial. Ciertamente Estados Unidos gozará de una dotación de poder muy importante, por lo cual seguirá, por el momento, siendo la principal potencia del orbe. Sin embargo, Trump renunció a la voluntad de utilizar dicho poder en fines específicos, retrotrayendo a su país a prioridades nacionales y cediendo liderazgo en la gestión de ciertos asuntos de la agenda internacional a otras potencias. Pero, ¿es éste un hecho inédito? Una revisión histórica de larga data permite corroborar que las antiguas potencias hegemónicas siguieron patrones de comportamiento similares a lo que pudiera experimentar Estados Unidos en los próximos años: España en el siglo XVI, los Países Bajos en las primeras décadas del siglo XVIII y el Reino Unido a finales del siglo XIX.

Trump: la redefinición de Estados Unidos y el nuevo orden mundial

La redefinición del rol de Estados Unidos con la presidencia de Trump tuvo un impacto directo en el devenir de otros países: varias potencias mundiales —socios estratégicos de Estados Unidos en el G7, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte— se vieron seriamente afectadas por la falta de liderazgo y compromiso de la potencia cada vez más exhegemónica. Este cambio generó vacíos de poder en la estructura internacional que bien podrían ser ocupados por potencias regionales que se hayan mostrado como “emergentes” desde los primeros años del siglo XXI, concretamente China, India y Rusia. Todo ello, llevará a significativos ajustes en los “clubes” de potencias, sobre todo entre el G7 (las 7 economías capitalistas más desarrolladas), el Foro BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el G-20 (las 20 economías más desarrolladas del mundo).

Sin duda, Trump no pretendió cerrar a Estados Unidos del mundo ni apartarlo de la globalización, pero su gobierno trato de ejecutar una suerte de “aislacionismo” estadounidense, es decir, la conducción de su país como una potencia mundial exhegemónica que actuó con mucha mayor prudencia y cautela (no inició ninguna nueva guerra). Todo esto más que ser motivo de preocupación, es simplemente de reconocimiento de que el rol de Estados Unidos en el siglo XXI sería uno muy distinto al que despeñó en el siglo anterior.

Se valora que Trump no logró los necesarios apoyos internacionales tras sus encuentros con gobernantes de Japón, Inglaterra y Alemania, ni congelando sus negociaciones con Rusia, fundamentales para socavar a sus adversarios; el encuentro con Putin cara a cara en la Cumbre del G-20 no dio los resultados esperados, a pesar que el presidente ruso fuese un político experimentado y una relación “normal” con Estados Unidos le era importante. No es de extrañar que la campaña para vincular a Rusia y sus servicios secretos de espionaje con la pasada y la última campaña electoral, estuvo presente como espada de Damocles sobre el 45º presidente estadounidense.

También, Trump fue consciente de que no era posible aislar a Rusia de los mercados europeos ni derrotarla mediante sanciones, y luego de los cuatro años a partir de las primeras sanciones impuestas después de los sucesos de Ucrania, la popularidad del Presidente ruso, Vladimir Putin, se situaba alrededor del 60 y el 70 por ciento entre la población rusa. Esto le llevó a proponer la negociación de un acuerdo global que permitiera tratos comerciales a gran escala, lo que favorecería a los bancos estadounidenses, así como a los sectores del petróleo, la agricultura y la alta industria, no obstante, la propuesta fue abortada por los sectores del poder estadounidense que se oponen a la pérdida de la supremacía total de los Estados Unidos a nivel global.

III. Escenario actualizado de la llamada Nueva Guerra Fría

 La nueva Guerra Fría es una expresión acuñada por el geopolitólogo estadounidense Joseph Stroupe (Stroupe, W.J. 2004) para referirse a guerra de estrategias por el control de los recursos energéticos del planeta que libran las grandes potencias mundiales. Según Stroupe, por un lado, se encuentra occidente, principalmente Estados Unidos y el Reino Unido, quienes buscan unilateralmente obtener supremacía sobre la energía nuclear y los recursos energéticos de Oriente Medio. Por otro lado, está el oriente liderado principalmente por Rusia y China. Rusia es el mayor proveedor de gas natural y, después de Venezuela, posee las mayores reservas registradas de petróleo, además busca usar el monopolio interno de estos para restaurar su influencia sobre los asuntos mundiales. China, debido a su explosivo crecimiento económico, busca una estabilidad y garantía de surtimiento de petróleo y gas que la hagan menos vulnerable a la inestabilidad de los mercados del petróleo (Stroupe, W.J. 2004).

Lo anterior nos lleva al viejo dilema de a quién llamar si se quiere hablar con “Europa”, ahora se aplica a “Occidente” en su conjunto, con unos líderes debilitados en el Reino Unido y Alemania, la humillación del presidente Emmanuel Macron por la revuelta de los Chalecos Amarillos en Francia en protesta al intento de subida de los impuestos, y la profunda división de Estados Unidos sobre su papel en el mundo en la etapa de la administración Trump. Todo de repente ha agudizado el todavía vacío de liderazgo en las llamadas democracias liberales del mundo. Parece que no hay liderazgo de Europa o de Estados Unidos en lo que se podría llamar el Occidente, y esto da margen de maniobra al presidente ruso, Vladimir Putin, o al presidente de China, Xi Jinping, planteando la cuestión de si este “Occidente” sigue siendo una entidad significativa con capacidad de liderazgo.

La respuesta al choque del mes de noviembre de 2018 en el Mar de Azov, donde la marina rusa disparó y se hicieron con tres buques navales ucranianos que iban rumbo a puertos ucranianos, pasando por mares que reclama Rusia como suyos luego de la anexión de la península de Crimea, agudizó el actual vacío de liderazgo. Occidente se mantuvo paralizado ante la posibilidad de un ataque mayor contra Ucrania y ningún barco aliado (europeo) navegó hacia el mar en patrullas de libertad de navegación, como lo hicieran para desafiar los reclamos de China sobre las aguas territoriales en el Mar de China Meridional. La respuesta internacional más dura al choque del 25 de noviembre provino del presidente Donald Trump, que canceló una reunión planificada con Putin durante la cumbre del Grupo de los 20 en Argentina y fue una respuesta diplomática sin implicaciones directas.

Macron, que se denomina autodefensor del orden liberal occidental, estaba luchando en ese momento por su supervivencia política contra manifestantes nacionales sobre el impuesto al combustible. En Gran Bretaña, la entonces primera ministra, Theresa May, luchaba por vender un acuerdo para cumplir el resultado de la votación del Reino Unido de 2016 a favor de abandonar la UE y finalmente tuvo que dejar el cargo. Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, sigue ocupada entregando el control de su partido gobernante de la Unión Demócrata Cristiana a un sucesor con aparentes problemas de salud.

Rusia dijo que simplemente respondió a una provocación por parte de los barcos ucranianos que entraron en sus aguas frente a Crimea, que Rusia se anexó en el 2014. En los días siguientes, los líderes europeos dijeron que todavía estaban tratando de averiguar qué sucedió exactamente y aun cabiendo la posibilidad de que hubiese sido una provocación ucraniana, no hizo nada ante el creciente poderío ruso y su influencia geopolítica, incluido el Medio Oriente, donde la victoria del ejército sirio de Bachar Al Assad es incuestionable hoy en día.

Parece que describimos un proceso que comenzó antes de la elección de Trump en Estados Unidos y que reveló transiciones dolorosas en todo el llamado mundo occidental. Los resultados incluyen las discrepancias entre Estados Unidos y Europa sobre cómo tratar a Irán, entre los Estados del Golfo Pérsico sobre cómo responder al islam político y entre Turquía y sus aliados occidentales tradicionales sobre el tema kurdo y otros asuntos. En este momento Turquía y Rusia, junto a Irán, se yerguen como los principales interlocutores en el conflicto sirio y a pesar de sus diferencias han mantenido una alianza que contrarresta la otrora hegemonía estadounidense en el área medio oriental.

Ya en marzo del 2014 el periódico publicado por el Comité Central del Partido Comunista de China, ‘Renmin Ribao’ (‘Diario del Pueblo’), escribió un editorial donde planteó que “el acercamiento estratégico entre China y Rusia se convierte en un ancla de estabilidad global” y que la “Rusia, liderada por Vladímir Putin, hizo que Occidente se diera cuenta de que en una guerra fría no hay vencedores” (RT. 12 agosto 2019).

El alejamiento de un orden mundial, que durante los siglos XIX y XX fue definido por el occidente europeo y los Estados Unidos, está resultando caótico y las llamadas “potencias emergentes”, Rusia y China combinando el poderío militar de una y el poderío económico de la otra, parecen enfocar un nuevo orden mundial, más multilateral, pero no menos agresivo en las relaciones internacionales posmodernas.

Habría que observar qué puede hacer la nueva administración estadounidense de Joe Biden para realmente contrarrestar el alcance de la alianza ruso-china, cómo frenar el papel de Irán en el Medio Oriente, cómo acercarse a la Turquía de Erdogan y cómo restablecer el papel de los Estados Unidos en la OTAN después de los desaires de Trump a sus aliados occidentales en Europa, sobre todo con una Alemania que prefiere entenderse con los rusos y reforzar sus relaciones comerciales y una Francia no convencida de que los Estados Unidos aúpe a Europa en el caso de un hipotético enfrentamiento con Rusia.

Finalmente podemos valorar en el sentido antes señalado, primero, la desastrosa retirada de las fuerzas estadounidenses y sus aliados de Afganistán, considerado como una derrota al peor estilo de la de Vietnam en 1975, la confirmación por Turquía de que seguirá comprando los misiles rusos S-400 a pasar de las sanciones estadounidenses y la firma del anglófono tratado AUKUS entre los Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, por el cual se intenta crear un frente de enfrentamiento al avance chino, pero que implicó el rompimiento del tratado de Australia con Francia para la compra multimillonaria de submarinos tipo diésel, sustituido en este acuerdo por la compra por parte de los australianos de submarinos nucleares estadounidenses.

La reacción de Francia a este hecho considerado una traición a la amistad estadounidense francesa no se hizo esperar, conjuntamente con la mayoría de los países de la Unión Europea que se pronunciaron condenando el hecho y confirmó la posición de Macron de que la prioridad europea de los Estados Unidos en su política exterior, ha sido sustituida por la contención de China en el indopacífico. Este es un hecho, no importa las llamadas telefónicas y las pasadas de mano por la espalda, el filo del cuchillo fue sentido por Francia e incluso la derrota electoral de la coalición socialcristiana en Alemania a favor de la socialdemocracia, puede conducir, finalmente, a que Europa, o se lance a un rearme anti ruso, lo cual parece poco probable, o establezca una nueva relación con el gigante euroasiático.

IV. Definición del concepto de Nueva Guerra Fría

El declive estadounidense ha favorecido el acercamiento entre Europa y Asia como un nuevo centro estabilizador del mundo, lo cual lleva a un cambio colosal de los centros de poder. Existen fuerzas de atracción mutua que tiran a Europa y Asia en forma conjunta. Además, el creciente vacío de poder, debido al declive económico, diplomático y militar estadunidense, aunado a una oposición creciente a su cada vez mayor política exterior unilateral y militarizada, alimenta un amplio y acelerado realineamiento de Estados en la masa territorial euroasiática (Rusia, China, Irán, Turquía), donde estos prosiguen una creciente independencia de Estados Unidos y un acercamiento más estrecho entre los socios euroasiáticos.

Los últimos dos años han demostrado los límites reales del poderío militar estadounidense en general, por lo tanto, la disminución del poder militar de Estados Unidos es real: la desastrosa retirada de Afganistán es hecho de precedentes importantes, la próxima sería de Irak y finalmente Siria. Lo anterior es percibido porque Estados Unidos carece de las fuerzas considerables que alguna vez tuvo y desplego y sobrecargo sus compromisos militares a nivel mundial, situación que ya no puede mantener económicamente y que de diversas maneras ha mostrado vulnerabilidades a los métodos de ataque asimétricos propuestos por las potencias emergentes como Rusia y China.

Estados Unidos, la última superpotencia, no puede dictar y fiscalizar los eventos globales y regionales como solía hacer. Pese a su poderío técnico militar, no puede controlar los eventos en Irak y Siria para aportar estabilidad y paz. Este hecho trae implicaciones y repercusiones regionales y globales. El aura de la omnipotencia estadounidense, apoyada por su poder militar, ha sido severamente ultrajada y se está colapsando. Para el mundo entero, se exhibe ampliamente la inhabilidad militar de la última superpotencia para someter y controlar en forma efectiva a países como Afganistán, Irak y Siria, luego del empuje de la Rusia de Putin.

Hay que conceder una enorme importancia a Rusia como vínculo entre Europa y Asia, por su relación entre Europa y China y como partícipe directo del nuevo orden mundial en gestación, opuesto al poderío unilateral militar y económico de los Estados Unidos en el mundo. La alianza ruso-china, donde se combina el poderío militar ruso y el poderío económico chino se yerguen proyectando una sombra agigantada sobre la geopolítica internacional.

Esta “Nueva Guerra Fría” ha dejado atrás el contenido ideológico que tuvo la que podíamos llamar Guerra Fría Clásica entre la URSS y los Estados Unidos, entre capitalismo y comunismo soviético, hoy asistimos al fin del poderío unilateral de la Unión Americana y el enfrentamiento con una Rusia capitalista, donde el Estado controla importantes resortes de la economía (Petróleo-Gas / armamento), aliada a una China que mantiene en el poder político a un partido-Estado, con una economía de socialismo de mercado, donde el mercado ha dejado lejos al socialismo. Esta alianza militar (Rusia) y económica (China) se proyecta en el control de espacios regionales, especialmente en la Europa del espacio exsoviético, en Asia y en el Ártico, contrapuesta directamente a los intereses globales de la otrora única superpotencia planetaria, los Estados Unidos. Hoy, muchos más que en el pasado siglo XX, el temor al exterminio mutuo asegurado y al fin de la humanidad, mantienen a los líderes de estas potencias en la búsqueda de un nuevo acuerdo de reparto de influencias, en una puja entre los que no quieren perder la supremacía total y los que, a pesar de sus diferencias históricas, han llegado a la conclusión de que juntos, avanzan en la configuración de un nuevo orden mundial.

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Notas

[1] ICBM. Misiles balísticos intercontinentales.

[2] SLBM. Misiles balísticos lanzados desde submarinos.

[3] En 1948 se había producido la Revolución China.

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Cita recomendada en formato APA

Manzano, M. (2020). Unidad para superar la crisis. Revista Nuestro Tiempo, 18(1), pp. 1-4.