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El enfoque por competencias en el proceso de formación profesional de la Educación superior

Revista Nuestro Tiempo, Vol. 22, junio – diciembre 2022, páginas 2-11
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Pedro Joaquín Torres Serran
Doctor en Ciencias Pedagógicas. Director Académico de la Universidad Luterana Salvadoreña.pedrojoaquints29@gmail.com
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Resumen

Se aporta una reflexión teórica acerca del Proceso de Formación del Profesional en la Educación Superior, en la aspiración de una educación integral que permita formar un profesional comprometido social y profesionalmente, flexible y trascendente, para lo que se requiere de un diseño curricular basado en competencias.

El modelo curricular se articula con la aplicación de métodos pedagógicos y didácticos que propicien una efectiva inserción de los egresados en su ejercicio profesional, teniendo en cuenta la rapidez con que se producen los avances en el campo de la profesión, y en particular el incremento incesante de las tecnologías de la información y la comunicación.

Palabras clave: Proceso de Formación del Profesional, formación de competencias en la Educación Superior, modelo curricular.

The competency-based approach in the vocational training process in higher education

A theoretical reflection is provided on the Process of Formation of the Professional in Higher Education, in the aspiration of an integral education that allows the formation of a socially and professionally committed, flexible and transcendent professional, for which a curricular design based on competencies is required.

The curricular model is articulated with the application of pedagogical and didactic methods that favor an effective insertion of the graduates in their professional practice, taking into account the speed with which advances are made in the field of the profession, and in particular the incessant increase of information and communication technologies.

Keywords: Professional training process, competency training in higher education, curricular model.

1. Introducción

La Formación Profesional son unas enseñanzas cuya finalidad principal es capacitar a las personas para el desempeño de una actividad profesional. Por eso, los estudios de Formación Profesional están destinados a la adquisición de competencias profesionales que permitan a las personas ejercer distintos trabajos.

Las enseñanzas de Formación Profesional del Sistema Educativo se pueden estructurar en ciclos formativos, y estos, a su vez, pueden ser de dos tipos: pregrado y posgrados. Su duración es, por lo general, dura el ciclo lectivo en correspondencia con las necesidades o potencialidades de la institución y la oferta de la maya curricular.

La Formación Profesional también incluye el denominado procedimiento de acreditación de competencias profesionales por experiencia laboral o formación no formal; está destinado a aquellas personas que han adquirido sus competencias profesionales a través de su trabajo y que quieren o necesitan acreditarlas de manera oficial.

Las universidades enfrentan en la actualidad el gran reto de ampliar su capacidad de respuesta a las exigencias sociales, a las crecientes demandas que afrontan los profesionales en formación, que sean capaces de insertarse plenamente en los procesos sociales, complejo, caracterizado por las desiguales situaciones económicas, los vertiginosos cambios tecnológicos y la amplia diversidad sociocultural.

Todas estas exigencias que enfrenta la universidad como institución de creación, preservación y promoción de la cultura llevan al debate acerca de la cuestión de la calidad de los procesos a través de los cuales se forman, lo cual implica revisar los criterios con los que se proyectan, planifican los planes y programas de estudio en la educación superior.

La investigación es resultado de la  indagación bibliográfica y científica del autor para la formación y superación de pregrado y posgrados así como su proyección  como investigador  con el propósito de contribuir al debate actual acerca la calidad del proceso formativo que desarrollan las universidades en busca de una mayor integralidad de sus egresados, destacando las necesarias relaciones que se deben establecer entre los conceptos: profesión, formación del profesional, competencias profesionales y sus expresiones en el currículo universitario.

La formación por competencias es un proceso de enseñanza y aprendizaje que está orientado a las personas con el fin de adquirir habilidades, conocimientos y actitudes para un desempeño idóneo. Este artículo tiene como objetivo analizar la formación por competencias a partir de la teoría existente, con el fin de caracterizar los factores que hacen posible garantizar a las personas un desempeño idóneo en el marco de su formación profesional.

Como metodología se consideró la planteada por Juan Samaja (Fernández, 2007) sustentada en el método de la comprensión (explicación) de la teoría y la episteme que gira en torno al tema objeto de estudio. El abordaje de las competencias plantea la necesidad de reconocer los requerimientos actuales de transferir desde el aprendizaje las destrezas y conocimientos las novedosas situaciones existentes en el campo profesional permitiendo así ir más allá de la educación y pasar a la profesionalización a través de un desempeño idóneo en las actividades laborales.

Se concluye que los factores inherentes al proceso formativo por competencia (ser-saber y hacer) conlleva al éxito de las instituciones educativas además de establecer múltiples dimensiones en el ámbito de la formación humana destacando el desempeño idóneo en el marco del contexto laboral.

1.1 La Universidad y la calidad del proceso formativo

Promover una cultura de la calidad del proceso formativo contribuye a generar el consenso entre los estudiantes, profesores, directivos y la sociedad, a favor de una gestión trasformadora, participativa y donde primen los beneficios expresados en términos de perfeccionamiento individual, grupal e institucional.

Una cultura de la calidad contribuye también a propiciar el establecimiento de un clima organizacional favorable a su gestión y evaluación. El clima organizacional está conformado por las percepciones compartidas por los miembros de una organización respecto al trabajo, las relaciones interpersonales que tienen lugar en su entorno y las regulaciones legales y formales que le afectan. Representa el ambiente subjetivo en que trascurren los procesos vinculados con la vida laboral, estudiantil o científico investigativa de las personas.

El fortalecimiento de la calidad pretende promover la eficiencia, la iniciativa y la creatividad durante la formación inicial o de pregrado y en la integralidad del proceso formativo, en los valores compartidos y en la consolidación de sólidos principios en educandos y educadores, a la vez que contribuye a potenciar el componente sociopsicológico del clima organizacional, lo que genera bienestar emocional y sentido de pertenencia.

En la universidad contemporánea, la calidad del proceso debe estar orientada al análisis sistemático de las funciones sustantivas, procesos y resultados hacia una búsqueda permanente de niveles cualitativamente superiores y se pronuncia por la inclusión, como condición inherente y natural de todo sistema de gestión, de la rendición de cuentas a los usuarios y a la comunidad. Se trata de un proceso participativo, caracterizado por la complementariedad de todos los agentes participantes en un contexto de pertinencia social, potenciado por el impacto resultante de un desempeño profesional de excelencia.

En la actualidad se están produciendo grandes transformaciones aparejado a los últimos fenómenos pandémicos vividos, con una gran influencia  en el orden económico, político y social a nivel mundial, que tienen un impacto en la concepción del hombre y su relación con el mundo evidenciándose importantes cambios en la educación, tanto en su concepción general, como en los enfoques pedagógicos, lo axiológico y actitudinal, con un énfasis en lo valorativo sin que ello implique minimizar lo cognitivo, todo ello como resultado de una visión holística del proceso formativo.

Los cambios de paradigmas de la educación, que responden a las condicionantes planteadas anteriormente, implican a su vez categorías, así como de la forma de relacionarlos; lo que se expresa en cambios epistemológicos, axiológicos y actitudinales frente a los fenómenos o situaciones que se interpretan e investigan desde los nuevos paradigmas y que modifican los procesos.

En este sentido, hay que reconocer que uno de los problemas más debatidos en este ámbito es la cuestión de la calidad de las acciones humanas para buscar la mayor eficacia y resultados para los que se han acuñado diferentes categorías que intentan expresar de mejor manera esta intencionalidad, provocando la asunción de posiciones diversas en cuanto al diseño del proceso formativo en el ámbito universitario. Siendo así, es lícito expresar nuestra percepción del problema con el ánimo de contribuir de manera modesta. Conceptos que en la actualidad son utilizados en la academia, aunque no necesariamente con   la teoría y práctica pedagógica en la educación superior.

Se reconoce el proceso de formación del profesional que se desarrolla en la educación superior como un espacio de construcción designados y participantes que implica el desarrollo humano progresivo, lo que se puede explicar desde un modelo pedagógico que reconozca este proceso como un proceso consciente, complejo, holístico y dialéctico.

La formación del profesional constituye, por lo tanto, el proceso en el que los sujetos desarrollan el compromiso social y profesional, en su contexto, toda vez que elevan su capacidad evaluación crítica y autocrítica, para solucionar problemas, tomar decisiones y adaptarse   asumiendo que alcanzar una integralidad en la formación profesional a nivel universitario implica, ante todo, formar un profesional comprometido con su labor y sociedad   impone cada profesión y sus contextos.

Es necesario que el currículo universitario contenga las cualidades que se aspira formar en los estudiantes universitarios, con lo cual se puede precisar cuál es el tipo de profesional que se quiere formar y cómo se estructura esta aspiración en todo el currículo, permitiendo cumplir su encargo de orientador de la dinámica de la formación de los profesionales sobre la base de dichas cualidades.

Coincidimos con el pedagogo Gimeno Sacristán cuando señala que “los debates esenciales en torno a los currículos en la actualidad, como no podía ser de otro modo, están muy estrechamente relacionados con los cambios culturales, políticos, sociales y económicos que están afectando a las sociedades desarrolladas y que tienen como primera consecuencia la revisión del papel asignado a la escolarización y a las relaciones entre esta y los diferentes aspectos que en ella se entrecruzan: profesores, organizaciones, relaciones con la comunidad.” (Sacristán, S/F).

Los cambios curriculares en la educación superior deben ser expresión de la contextualización de las universidades de acuerdo con la complejidad de los escenarios en los que se desarrolla. El entorno económico, político y sociocultural condiciona los procesos educativos en las universidades, sin embargo, la universidad no debe asumir una posición adaptativa al entorno, sino que debe investigarlo con profundidad para generar los procesos de su transformación.

El perfeccionamiento del currículo universitario tendiente a una integralidad en la formación del profesional debe tener en cuenta  o rescatar los valores humanos y sociales, centrar los procesos educativos en la formación integral de las personas, hacer de los centros educativos verdaderos proyectos culturales, formar líderes para producir la transformación, partir   los cambios a la misma, investigar  sobre los entornos socioculturales y dar  solución a los problemas encontrados, construir nuevos modelos pedagógicos y operarlos en los centros educativos mediante estrategias didácticas, transformar las formas tradicionales de administración, generar una cultura organizacional educativa y, el más importante de todos, responder adecuadamente al nuevo orden político, social y económico internacional desde la gestión curricular” (Sacristán, S/F).

1.2 La formación profesional basada en competencias

La realidad educativa actual, en el empeño de que los procesos formativos respondan de manera más pertinente a las exigencias sociales, económicas y productivas, impone la necesidad de que los sujetos en formación demuestren con mayor efectividad el resultado de sus aprendizajes. El proceso de formación de los profesionales, como todos los que involucran al hombre, es complejo, multidimensional y en tanto realidad objetiva no puede interpretarse desde una sola dimensión, por el contrario, se tiene que interpretar desde una perspectiva dialéctica y multidimensional, nutriéndose de la diversidad.

La formación de competencias es un proceso constructivo, socializado, que solo es posible en un espacio interdisciplinar partiendo de una concepción participativa y no directiva del proceso, con el convencimiento de que el contenido es socialmente construido e históricamente desarrollado y, por ende, sus resultados, competencias indispensables en el profesional, se alcanzan mediante un proceso en el que se trabaja, de manera interrelacionada, los núcleos de conocimientos, las habilidades generalizadas y los valores profesionales y sociales, donde lo interdisciplinario se manifestará en lo académico, lo investigativo y lo laboral.

No existe una definición única del término ‘competencia’ y cada autor enfatiza determinadas cualidades de acuerdo con sus intenciones. Como bien plantea el Dr. Roberto Coral la mayoría de las definiciones las comprenden como unidades de actuación que expresan lo que una persona debe saber y poder hacer para desarrollar y mantener un nivel de mantener el nivel de desempeño eficiente en su labor, aspectos cognitivos, afectivos, conductuales y de experiencias (Coral, 2004).

La revisión de la mayoría de las conceptualizaciones acerca de las competencias permite adelantar que esta noción trae consigo una nueva aproximación al desarrollo humano con importantes implicaciones en el campo educativo, es la posibilidad para desarrollar en los educandos la capacidad para el análisis, la crítica y el razonamiento a través de la   formación para la vida ciudadana.

De lo que se trata es que las transformaciones que tengan lugar en los sistemas educativos vayan más a cambiar las concepciones y estilos acerca de cómo se organizan y ejecutan los procesos de aprendizaje que a recrear términos y conceptos. Por tanto, incorporar el concepto de competencias a la práctica   ligado a acciones concretas, no como efecto de un aprendizaje tradicional, sino un aprendizaje donde se acrecienten las capacidades humanas mediante el desarrollo integrado de las dimensiones cognoscitivas de la personalidad, en el cual la búsqueda, la indagación, el uso de métodos científicos que caractericen y den solución a los problemas.

Los procesos de formación de los profesionales orientados al desarrollo de competencias emergen para hacer de la educación un servicio más pertinente a las demandas sociales, donde adquiere un significado el ser y saber cómo sobre   el saber qué y hacer qué, capaz de ofrecer a los estudiantes aprendizajes socialmente y los retos propios de la época y del país.

Trabajar un currículo basado en   teoría de la cognición se asume el proceso de enseñanza-aprendizaje y conceptualizar de manera coherente sobre actitudes e inteligencia. La palabra ‘competencia’ no se asume en este contexto como el mero entrenamiento para desarrollar habilidades y destrezas, lo que lleva a la ejecución de tareas asignadas por otro, sin protagonismo de quien las ejecuta. Desde esta perspectiva las competencias son cognoscibles y objeto de interpretación y construcción, y tienen una connotación axiológica que conlleva a una responsabilidad.

La formación de las competencias que el individuo construye responde a estructuras complejas, tienen su individualidad que las hace diferenciales en cada sujeto, pero este, como ser social, las construye en su relación con los demás sujetos.

Así entonces, las competencias se asumen como configuraciones construidas   desarrolladas, con un nivel de incertidumbre en sus resultados, dependiendo de los factores que inciden en el proceso, tanto en los aspectos contextuales como históricos presentes en cada proceso de construcción. Implican lo conceptual, lo metodológico, lo axiológico y lo actitudinal y no como compartimentos, separados unos de otros, porque se estaría fragmentando la unidad conceptual y metodológica de la competencia y se estaría dividiendo también la integralidad cognoscitiva del estudiante. Las competencias también pueden ser aprehendidas, nadie por competente que llegue a ser, lo fue al nacer; solo la vida en la sociedad le permite la construcción de las competencias.

Partiendo entonces de la competencia como objeto de formación de los profesionales y como un constructo negociado, se comprende como un ser, un saber y un hacer personal en un contexto histórico concreto determinado, haciendo referencia a la capacidad de tomar  decisiones de acuerdo a un ámbito definido de acuerdo con el Dr. (Homero Fuentes, 1998); se valora la competencia, asociada directamente al desempeño, expresado concretamente en la manifestación de los recursos con que cuenta el estudiante, el futuro profesional para realizar una tarea o actividad, enfrentar una situación de manera particular y crítica; se deduce entonces que la competencia presupone:

  • Un grado de dominio y versatilidad conceptual (explícito o implícito) en una rama del conocimiento.
  • La puesta en acción de los conocimientos y contenidos de esa rama.
  • Un proceso de selección de alternativas de actuación y toma de decisiones.
  • La pertinencia de su aplicabilidad en un contexto determinado.

Un proceso por competencias no propone aprendizajes fragmentarios, actitudes, destrezas y conocimientos aislados que se suman sin articularse entre sí. Todo lo contrario, integran de un modo peculiar destrezas, actitudes, conocimientos y habilidades, pero sin reducirse a estas. En este proceso se busca enriquecer un ser, sustentado en un saber y un hacer. Por tanto, coloca a los estudiantes en situación de independencia transformadora al hacer, donde desarrollen y usen destrezas mentales y operativas, pero en función de obtener un resultado. Que interpreten información, pero para emplearla, y que adopten determinadas actitudes en función de resolver una situación.  Que reflexionen sobre el proceso de su propio aprendizaje y se apropien conscientemente de las capacidades desplegadas, en tanto comprueben que les sirven para mejorar su capacidad de interacción con el medio.

En otras palabras, tanto en el proceso de aprender a actuar competentemente en un campo determinado como en el mismo desempeño logrado, las actitudes y valores, el saber y el hacer interactúan de una manera contextualizada y por tanto específica integrándose de modo cada vez superior. Lo que hace muy diferente este proceso, basado en competencias, al centrado en los objetivos, no obstante, no se excluye la categoría objetivo dentro de las configuraciones del proceso.

En la formación por competencias se destacan tres aspectos:

Disposición para aprender. Los estudiantes se comprometen con un proceso de aprendizaje solo si ello tiene un sentido, con lo que se sienten emocionalmente involucrados si refleja sus necesidades y expectativas más genuinas. Entonces muestran disposición para acercarse, explorar, interrogar, comparar, intercambiar se produce el conflicto cognitivo y la necesidad de resolverlo a través de la acción transformadora, planteado por J. Piaget, lo que solo es posible cuando en el proceso de formación de los profesionales, durante el desarrollo de las situaciones que enfrentan los estudiantes y el profesor, logran un acoplamiento a nivel emocional y a nivel cognitivo.

Disposición para aprender responsablemente. Una vez en el proceso de aprender, los estudiantes requieren mostrar y consolidar ciertas disposiciones subjetivas, características de toda situación asumida como desafío: perseverancia, tenacidad, control de los impulsos, etc. Es decir, el interés no basta. Para sostener con éxito la participación al interior del proceso se hace necesario desplegar, complementariamente, otras actitudes.

Disposición para desempeñarse bien en un campo.  El desempeño en una área o campo especifico depende de disposiciones afectivas coherentes con la naturaleza misma de lo que se aprende. Más allá de la implicación subjetiva en una experiencia de aprendizaje, el desempeño óptimo en un ámbito requiere una disposición especial que nos lleva a buscar nuevas oportunidades y mayores retos en ese campo en particular.

El concepto de competencia debe transmitir claramente la idea de que los procesos educativos tienen que estar dirigidos fundamentalmente a la formación de un ciudadano que reúna las condiciones que la sociedad actual está demandando, es decir, que sean individuos con capacidad plena para el análisis, la argumentación, preparados para asumir los desempeños laborales que las distintas profesiones requieren, con todas las posibilidades para insertarse en el vertiginoso avance de la ciencia y la técnica y dispuestos a crecer tanto en el orden de la preparación técnica y profesional como en sus condiciones personales y espirituales.

Se puede entender la competencia profesional como una combinación de conocimientos, habilidades, comportamientos y actitudes que se pueden demostrar en un contexto profesional determinado y que se pueden transferir a diferentes condiciones a través de la actualización permanente.

Entonces, un profesional competente es:

Aquel que se apropia de las teorías, las leyes, los conceptos, las definiciones de las ramas del saber en las cuales se desenvuelve, para poder actuar responsablemente y con posibilidades de hacer análisis y deducciones.

  • Que es hábil en su desempeño, mostrando destrezas, tanto orales y comunicativas como manuales, físicas y motoras.
  • Quien se empeña por hacer las cosas bien porque está totalmente motivado con su profesión, porque lo hace conscientemente, demostrando en su desempeño profesional la convicción que tiene de la importancia social de su labor, con lo cual contribuye al desarrollo del país.
  • Demuestra haberse apropiado de los aspectos más trascendentales que identifican la ética de su profesión.
  • Quien es capaz de trascender sus propios aprendizajes siendo capaz de potenciar sus recursos personales y dar solución creadora a nuevos problemas profesionales.
  • Quien tiene la posibilidad de hacer transferencias de unos contenidos ya dominados a otros nuevos por medio del autoaprendizaje, del adecuado manejo de la información.

Al irse produciendo la transformación hay un acelerado incremento de la demanda de profesionales con habilidades de alto nivel técnico, en particular con las competencias necesarias para la aplicación de las tecnologías de información, y por el otro, los cambios en las habilidades requeridas para el manejo de nuevos métodos y sistemas de producción, lo que reclama de la formación del futuro egresado de la educación superior, el desarrollo de competencias profesionales.

2. Modelo curricular para la formación por competencias

Los fundamentos didácticos de la educación superior cubana reconocen el proceso de formación de los profesionales como el objeto de la didáctica de la educación superior como ciencia pudiéndose identificar dos ideas rectoras que permiten explicar el proceso de formación de los profesionales. Considerar que dicho proceso es un sistema de actividades conscientes, de naturaleza holística y dialéctica; y que constituye una configuración de orden superior síntesis de expresiones dinámicas de su totalidad, que se integran en torno a los significados y objetivos de los estudiantes tiene el proceso formativo (Fuentes, 1998).

Estas ideas rectoras permiten explicar el proceso de formación de los profesionales como una totalidad y a partir de relaciones dialécticas, que expresan las regularidades del mismo.

Una alternativa novedosa de modelo de diseño curricular la constituye la formación por competencia que permite la flexibilidad   en el diseño de los planes de estudios y la consideración de las cualidades que deberán alcanzar los egresados desde el diseño; incorporar las competencias al proceso de concepción curricular es una manera de integrar ese conceptos a la de las configuraciones ya   trabajadas en modelos de diseños curriculares anteriores: problema, objeto, objetivo, contenido y método (Cruz y Fuentes, 1998).

Se entiende en este artículo y se asume  entonces la competencia profesional como la configuración didáctica   que sintetiza la riqueza de la profesión y del profesional, en tanto resultado de las relaciones dialécticas que se establecen entre el problema profesional, el objeto de la profesión y el objetivo del profesional, siendo expresión totalizadora de las cualidades que debe poseer el egresado para su desempeño profesional y social en un contexto histórico concreto y permitiendo generar el proceso de desarrollo del diseño curricular.

2.1 Desde el diseño curricular

Siendo consecuente con la concepción totalizadora de la profesión, se entiende la necesidad de contar con una categoría que sea la expresión didáctica de la misma y del profesional a partir de la cual el diseño de la carrera, que se realiza a nivel de macrodiseño curricular, pueda ser estructurado didácticamente a nivel del microdiseño curricular. Para poder desarrollar el proceso de formación de los profesionales en términos de contenidos en su relación con las restantes de su diseño.

Las competencias profesionales devienen, entonces, en el eje curricular que permite trasladarse desde la profesión al proceso de formación del profesional, asumiendo el término ‘eje’ como el aspecto esencial para generar movimiento o el fundamento de un razonamiento o comportamiento determinado, atravesando todo el currículo y expresándose en contenidos (conocimientos, habilidades y valores profesionales) del microdiseño curricular.

Al ser las competencias profesionales una configuración didáctica integradora  de la profesión y del tipo de profesional que se aspira a formar, permite precisar aquellas cualidades esenciales para el desempeño laboral de los futuros egresados, necesarias para enfrentar no solo los problemas profesionales de manera  pertinente sino para realizar y definir  su proyecto de vida en el contexto social, para lo cual se requiere que el proceso de formación del profesional sea integrador del saber, el saber hacer el ser, el saber convivir y el saber emprender, en tanto los pilares necesarios para la educación definidos por la UNESCO.

Cualquiera que sea el modelo curricular asumido, es esencial concebir una formación profesional centrada en el desarrollo humano y que desde una concepción interdisciplinaria se garantice una sólida cultura científico-técnico humanista y ambiental, independientemente del perfil profesional.

En las competencias profesionales se expresan los fundamentos teóricos del currículo, entendidos estos como el marco o posición que sustenta el modelo asumido, y que permite orientar la actividad del diseño curricular a través del empleo de una metodología.

Las competencias profesionales son justamente la expresión didáctica de la profesión y del profesional, en la cual se expresará la concepción curricular que permita estructurar los planes y programas de estudio y tiene la peculiaridad de ser síntesis de todos los fundamentos teóricos del currículo.

En las competencias profesionales se sintetizan las dimensiones que explican cómo se produce el movimiento del compromiso, flexibilidad y trascendencia que deben caracterizar al profesional. Por tanto, el diseño curricular debe pretender que esas cualidades se manifiestan en el propio proceso.

La competencia profesional adquiere la dimensión de compromiso social cuando la aspiración formativa expresada en el objetivo del egresado es contentiva de los valores que caracterizan su actuación, en función de las necesidades sociales representadas en el proyecto que representa y que configura en los problemas laborales, lo cual posibilita que el proceso formativo propenda a que la carrera adquiera sentido y significado para el    egresado y actúe de manera comprometida con la sociedad. No se puede perder de vista que es la sociedad quien le demanda a la universidad el tipo de profesional que necesita, sintetizado didácticamente en el problema y en el objetivo y es el currículo quien tiene que asumir ese imperativo.

Al tener la competencia profesional una dimensión de compromiso social, es posible entonces diseñar un currículo que permita formar un graduado con la cualidad de compromiso profesional-social, propiciando que pueda insertarse conscientemente, desde su área de trabajo, en el proyecto social. De ser así, la competencia laboral propende a que el proceso de formación de los egresados pueda cumplir una función educativa.

La competencia profesional adquiere la dimensión de flexibilidad cuando el objetivo del profesional, que expresa la aspiración del graduado, que se requiere para resolver las necesidades de la sociedad, propicia la incorporación al currículo de nuevos elementos de la cultura que amplían y enriquecen el objeto de la profesión, con lo cual se logra mayor sistematización y actualización de los contenidos. Esto implica que, a partir de una formación básica, que incluye los aspectos esenciales e indispensables para la actuación del profesional, se incorporen aspectos dela cultura científica, técnica, humanista ambiental que, unidas al objeto de la profesión, permitan profundizar, actualizar y ampliar su preparación.

Lo anteriormente planteado lleva a considerar que la competencia profesional debe contener la competencia de flexibilidad y consecuentemente el currículo que se diseñe debe ser susceptible de modificaciones para lograr mejoras constantes de acuerdo con el desarrollo de la cultura necesaria para la profesión, con lo cual se contribuye a las capacidades cognitivas del profesional en formación.

Se puede decir que  la competencia profesional posibilita que el estudiante universitario pueda asumir una posición protagónica en su propia formación, estando en capacidad de decidir algunos de los contenidos de su currículo a partir de conocer el objetivo profesional, en correspondencia con el  objeto de la profesión  además en el hecho de que el profesional, una vez egresado del centro de educación superior, esté en condiciones de adaptar y renovar los conocimientos que son necesarios para mantener su profesionalidad.

Las competencias profesionales son aquellas que didácticas sintetizan lo cognitivo, lo axiológico y lo actitudinal, lo que conlleva las destrezas y capacidades necesarias. En la formación de un profesional se atiende a tres tipos de competencias a saber: competencias profesionales, competencias básicas y competencias generales. Las competencias profesionales son aquellas expresiones didácticas de las cualidades del sujeto, en que se sintetiza el ser, saber y el hacer del profesional, así como el desarrollo de sus capacidades y aptitudes, al desempeñarse en los procesos profesionales.

En la Educación Superior, los esfuerzos encaminados a elevar la pertinencia, el impacto y la optimización de todo el proceso están estrechamente ligados al fortalecimiento de la eficiencia, eficacia y efectividad   del proceso de formación, dando respuesta a las necesidades de la sociedad, su relación con el sector productivo, asistencial y de servicios, así como su contribución a un desarrollo humano sustentable, y ello es posible cuando las cualidades que distinguen al profesional son su compromiso social y laboral.

Para ello es necesario establecer un programa de académico que fomente las competencias de los estudiantes, no solo en los contenidos específicos de la profesión sino en la formación general que comprenda los aspectos sociales, humanísticos e investigativos en las ciencias básicas. Así como en aquellos conocimientos que conforman su acervo cultural; favoreciendo los contenidos tratados de modo interdisciplinario y transdisciplinario.

Las consideraciones anteriormente planteadas son necesarias para comprender que esta nueva manera de asumir las competencias profesionales como configuraciones didácticas de la profesión y del profesional, expresadas en cualidades genéricas del compromiso y trascendencia, tiene su concreción particular en el diseño de la profesión y del profesional en particular de que se trate y lo que le aporta.

3. Conclusiones

Se comprende como profesional integral el que se forma: comprometido social y profesional flexible y trascendente como esencia de los valores de un profesional y ello unido a una sólida formación de conocimientos y habilidades.

En última instancia, el término ‘competencias’ intenta recoger la dialéctica que se produce en la relación hombre-mundo y que se expresa simultáneamente como exigencia de un desempeño profesional y las cualidades personales para realizar esa actividad.

El proceso de formación del profesional basado en competencias, que se desarrolla en la universidad, parte del supuesto de que si el proceso de formación del profesional se diseña a partir de un modelo de competencias profesionales, que son expresión del compromiso, trascendencia y flexibilidad   como cualidades más generales del profesional, se puede contribuir a formar un egresado comprometido social y profesionalmente  que sea  trascendente en su contexto, lo que se expresará en el desarrollo de valores y las actitudes que le permitan ser participativos,   negociadores, críticos, responsables, creadores y fundamentalmente humanos, ante la solución de los problemas que emanan de la profesión.

4. Referencias

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Cuenta de Editor

Referencias Bibliográficas

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Cita recomendada en formato APA

Torres Serran, P. J.  (2022). El enfoque por competencias en el proceso de formación profesional de la Educación superior. Revista Nuestro Tiempo, 22(1), pp. 2-11.